Vuelve John Lydon, vuelve P.I.L.








Soy John
Nací en Londres
No buitreo, esta es mi cultura
La ley natural, amigo, es la lección para todos

Venimos del caos, no puedes cambiarnos
Ni puedes explicarnos, y eso es lo que nos constituye
Somos intemporales, somos adolescentes
Somos los enfilados de entre los desesperados
Somos la última oportunidad, somos la última danza

Una gota en todo este océano
No va a causar conmoción
Una gota que no siga la corriente
Sin tripas no hay emoción
Una gota en todo este océano
Compórtate, sigue la corriente
Compórtate, una gota de emoción correcta
No va a causar conmoción
Una gota,

Vamos todos para abajo,
La ley natural, amigo, es la lección para todos
Venimos del caos, no puedes cambiarnos
Ni puedes explicarnos, y eso es lo que nos constituye
Somos intemporales, somos adolescentes
Somos los enfilados de entre los desesperados
Somos la última oportunidad, somos la última danza

Una gota en todo este océano
No va a causar conmoción
Una gota que no siga la marea
Sin tripas no hay emoción
Una gota en todo este océano
Compórtate, sigue la corriente
Compórtate, una gota de emoción correcta
No va a causar conmoción

Venimos del caos, no puedes cambiarnos
Ni puedes explicarnos, y eso es lo que nos constituye
Somos intemporales, somos adolescentes
Somos los enfilados de entre los desesperados

Nacido en el Londres, salido de Londres, nacido en el Londres
-pero en realidad hemos nacido en todas partes
Una gota en todo este océano
No va a causar conmoción
Una gota que no siga la corriente
Sin tripas no hay emoción
Una gota en todo este océano
Compórtate, sigue la corriente...

20 años después, vuelve P.I.L.
Letra original

Reparto de "Estrella del alba", de Wu Ming 4




T. E. Lawrence. Ned o T. E. para los amigos, conocido en todo el mundo como «Lawrence de Arabia». Es el héroe de la revuelta árabe contra los turcos; que una vez acabada la guerra, envuelto en un aura de celebridad, tiene que redactar la crónica de su propia aventura. Para hacerlo tendrá que profundizar en la ambigüedad, afrontando el propio lado oscuro.


Robert Graves. Poeta veterano de las trincheras, afectado por traumas, por explosiones, y en busca de una nueva inspiración. Conocer a Lawrence de Arabia cambiará por siempre sus versos y su vida.


J. R. R. Tolkien. El joven filólogo del Oxford English Dictionary tiene que arreglar las cuentas con los recuerdos de la guerra y los fantasmas de los amigos muertos. Solo así podrá encontrar el propio camino.


C. S. Lewis. Llamado Jack. Una promesa lo obliga a una doble vida en tiempos de paz. Para soportar ese peso siente la necesidad de descubrir la verdad sobre la estrella del momento.


D. G. Hogarth. Arqueólogo clasicista, experto de Oriente Medio y brujo de muchos hechizos. Es el demiurgo del destino del héroe. Feisal. Descendiente del Profeta. Condujo la revuelta de los árabes contra los dominadores turcos, pero fue traicionado por los aliados ingleses. Es un príncipe en busca de un reino.
(Lawrence y el Teniente Coronel Dawnay con D.G. Hogarth en el exterior de su Agencia Árabe en el Cairo, mayo 1918.)


Edmund Allenby. General de Su Majestad Británica. Lo llaman «el Toro», porque cuando avanza, nada puede pararlo.


Jemal Pachá. Desde Armenia a Arabia lo conocen como «el Sanguinario». Tiene que detener a los cruzados ante la Ciudad Santa.


Lowell Thomas. Corresponsal de guerra, convirtió a Lawrence de Arabia en una estrella.


Nancy Nicholson. No se considera una buena esposa, sino una mujer. Quiere borrar la guerra y la prosopopeya de los hombres que la combatieron.
(Robert Graves con su primera esposa Nancy Nicholson)


Edith Mary Tolkien. Es la reina de las hadas, que un día bailó en los bosques y hoy desea la paz.


Andy Mills. La guerra no le dejó nada. Espera que alguien se enamore de él y le permita cambiar de vida.

Estrella del alba, Wu Ming 4 (novedad en Acuarela Libros)


«Está vestido de blanco y nadie puede mirarlo a la cara, porque los ojos deslumbran hasta cegar.
Tiene el poder de destruir lo que toca y el don de estar por doquier. A veces está solo, a veces guía columnas de jinetes.
Aparece y desaparece. El desierto es su casa, las rocas su comida... Su nombre vuela de un oasis al otro.
Los peregrinos en viaje a La Meca lo avistan en las tormentas de arena y lo llaman Iblis, el Diablo.
Todos le temen. También tú».

Oxford, 1919. El primer conflicto mundial acaba de terminar y un grupo de jóvenes veteranos regresa a los estudios universitarios.
Las sombras de los compañeros muertos llenan sus noches y la vida académica no tiene respuestas que ofrecer para el horror vivido en el frente.
De un día para otro, la austera calma de los colleges se ve turbada por la llegada de T. E. Lawrence, el legendario «Lawrence de Arabia».
Dejando atrás Oxford como arqueólogo y convertido en inspirador de la revuelta árabe contra los turcos, el hombre de acción ahora tiene una nueva tarea: escribir las memorias de la propia hazaña.
Mientras los recuerdos toman vida, la saga de «Lord Dinamita» se alterna con las vicisitudes de tres supervivientes de la matanza.
John Ronald Reuel Tolkien, filólogo y escritor de cuentos.
Clive Staples Lewis, estudiante de letras que de la guerra recibió gratuitamente una doble vida.
Robert Graves, poeta que intenta en vano liberar los propios versos de la pesadilla de las trincheras.
Conocer a Lawrence cambiará para siempre sus vidas, obligando a cada uno a confrontarse con los propios fantasmas y será el origen de nuevas historias memorables.  

Improvisaciones sobre la Teoría de la Jovencita, de Tiqqun


Viernes 18 de mayo a las 19h. Espacio Menosuno, calle de la Palma 28.





“El dinero no existe. Es una convención humana. Entonces, ¿por qué no crear otra que nos haga más felices a todos?”  John Cage

Lamentablemente, después del dinero vino La Jovencita.

Rubén G. y Mario S. presentan:

Improvisaciones sobre la Teoría de la Jovencita, de Tiqqun
Concierto-conferencia

Rubén G. (superficies amplificadas, objetos, electrónica)
Economista, licenciado por la UAM, máster en gestión cultural por el ICCMU y experto en investigación de mercados por la UCM. Participó en los estrenos en España de A House Full of Music (Cage), The Great Learning (Cardew) y Big Bang (Slobodj). Es miembro del colectivo de improvisación maDam.

Mario S. (electrónica)
Reconozco y acepto la dificultad para comprender y representar la realidad.
Reconozco y acepto mis límites para conocer, para percibir, para analizar.
Trato de dar testimonio de la poesía que nos rodea. Intento insuflarla en mi obra.

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Textos: Extractos de "Primeros materiales para una teoría de la Jovencita". Tiqqun. Acuarela & A. Machado. 2012.

Impulsos imborrables


"Impulsos imborrables" explora la vida psíquica póstuma de las imágenes que abruman nuestro paisaje visual. Se pregunta: si consumimos a sabiendas imágenes saturadas de violencia todos los días, ¿dónde van a parar esas imágenes y cómo afectan y habitan nuestras mentes tras incorporarse a nuestros cuerpos?

Jirones de la sociedad de la imagen provocan una corriente de dibujos y pinturas. Recortes de páginas de moda y sonidos de la calle constituyen el impulso de una serie de escenas que podrían proceder tanto de un sueño como de una pesadilla. Una transformación constante de estas imágenes mainstream y su carga psíquica que muta y se funde en imágenes más íntimas, así como en diseños de color y línea abstractos".

Anti-edad


Veo en los suplementos dominicales destinados al día de la madre a un montón de muchachas con cuerpos premenstruales encarnando a sonrientes madres que reciben sus regalos y me pregunto sobre el trágico significado que subyace en el sintagma: CREMA ANTIEDAD. Poco después leo esto en Primeros materiales para una teoría de la jovencita: "Toda la incomprensible agitación de la jovencita está gobernada en cada uno de sus puntos, a imagen de esta sociedad, por el desafío oculto de hacer efectiva una metafísica falsa e irrisoria cuya sustancia más inmediata es tanto la negación del paso del tiempo como, igualmente, la ocultación de la finitud humana"
(encontrado en el muro de Facebook del café El Molar gracias a Susana Duarte)

Matar a un elefante



"[...] Era evidente que el elefante no volvería a levantarse, pero no estaba muerto. Respiraba de forma muy acompasada, con largos y sonoros jadeos, el enorme bulto de su flanco subía y bajaba con dolor. Tenía la boca muy abierta; alcancé a... ver las profundas cavernas rosa pálido de la garganta. Esperé durante largo tiempo a que muriera, pero su respiración no se debilitaba. Por último descargué los dos tiros que me quedaban en el lugar donde pensé que estaría el corazón. La sangre espesa manó como terciopelo rojo, pero siguió sin morir. Ni siquiera se estremeció cuando lo alcanzaron los disparos, su torturada respiración continuó sin pausa. Se estaba muriendo, muy despacio y con gran agonía, pero en un mundo alejado de mí en el que ni siquiera una bala podía hacerle ya daño. Sentí que debía poner fin a aquel espantoso sonido. Era espantoso ver a la enorme bestia allí tumbada, incapaz de moverse y, aun así, incapaz de morir, y no lograr siquiera acabar con ella. Mandé a buscar mi rifle pequeño y le descerrajé un tiro tras otro en el corazón y por la garganta. No parecieron causar ningún efecto. Los torturados jadeos continuaron con tanta regularidad como el tictac de un reloj.
Al final no pude soportarlo por más tiempo y me marché. Más tarde oí que había tardado media hora en morir. Los birmanos acarreaban dagas y cestos incluso antes de que me fuese, y me contaron que por la tarde ya lo habían despojado de la carne casi hasta los huesos [...]".

Matar a un elefante, George Orwell
Orwell en Acuarela Libros

mensaje + reseña crítica de Ignacio Castro sobre la Jovencita



















Queridos amigos,

Quiero recomendaros hoy Primeros materiales para una TEORÍA DE LA JOVENCITA, un libro que me ha parecido precioso, de lectura obligada para entender de otro modo nuestro presente, llevando al extremo su Apocalipsis latente. Es tan intenso, este libro, que con frecuencia estar de acuerdo o no carece de importancia dada la estela de sugerencias que genera cada pasaje.

Y esto no tiene nada que ver con una frivolidad estética. Lo que Teoría de la Jovencita tiene de provocativo, de elitismo "terrorista", de implacable precisión, a veces despiadada, creo que es una excelente virtud para quitarle la capa de polvo y naftalina que con frecuencia rodea a lo que entre nosotros llamamos izquierda, este apoltronamiento alternativo.

Después, en otro plano, menciono algunas dudas y unas posibles insuficiencias ontológicas, quizás debidas a una excesiva dependencia de Hegel y Marx. Pero creo que se trata de un libro enorme que todos nuestros amigos, si todavía (como dicen) buscasen algo, debería leer.

Abrazos,
Ignacio Castro Rey

Teoría de la Jovencita

“¡Ah, pero qué asquerosa eres!” Al modo del collage urbano, mezclando en distintos tipos de letra anuncios con tópicos cotidianos (“¡No te comas el tarro!”) y fragmentos cargados de una profundidad analítica delirante, este libro hará las delicias de quienes estén interesados en la subversión de nuestro mundo. Aunque, francamente, no es seguro que Teoría de la Jovencita, publicado recientemente por Acuarela & A. Machado, sea “un libro de amor” o hable sobre la imposibilidad del amor en nuestra estructura social, como dicen los editores en la contraportada. Si lo es, se trata de un amor del cual tampoco son capaces los autores, la mítica constelación llamada Tiqqun. Pero sí se debe decir que este libro posee una rara belleza. Y una inmensa riqueza, pues resulta sencillamente precioso ver el mundo con los ojos de otro mundo. Precisamente uno de los posibles defectos de Teoría de la Jovencita es que su misma radicalidad empuja a una lectura estética de la superficie, amenazando dejar todo como estaba. En todo caso Tiqqun, en este texto de sus comienzos en 1999, elabora una radicalidad que funciona a ráfagas, cristalizando momentos deslumbrantes. Esa misma intensidad es la que parece impedir el discurso político clásico, de largo aliento, para restallar en fogonazos que duran unas pocas líneas.

I Impacto

“La Jovencita se presenta dondequiera que el nihilismo comience a hablar de felicidad”. Este libro desarrolla con el detalle del insomnio la metafísica oculta en la visibilidad triunfante. “A mis doce años, he decidido ser bella”. Todo el libro está repleto de textos así, tan significativos que casi resultan misteriosos. Fíjense en este otro: “La Jovencita no tiene el rostro de una muerta, como podría llevar a pensar la lectura de las revistas femeninas de vanguardia, sino de la muerte misma”. O en éste: “La Jovencita se complace en hablar con emoción de su infancia para sugerir que en el fondo aún no la ha superado, que en el fondo sigue siendo una ingenua. Como todas las putas, sueña con el candor. Pero a diferencia de estas últimas, ella exige que se la crea y que se la crea sinceramente. Su infantilismo, que no es a fin de cuentas más un integrismo de la infancia, hace de ella el vector más retorcido de la infantilización general”.

Que nadie se rasgue las vestiduras antes de tiempo: la Jovencita no es un concepto sexuado. En paralelo al concepto de Bloom, Tiqqun intentó captar en la Jovencita la última mutación política del humano occidental. “No le cuadra menos al chulito de discoteca que a una árabe caracterizada de estrella del porno. El alegre relaciones públicas jubilado que reparte su ocio entre la Costa Azul y el despacho parisino donde aún tiene sus contactos, responde a él al menos tanto como la single metropolitana demasiado volcada en su carrera de consulting para darse cuenta de que ya se ha dejado en ella quince años de vida”. La Jovencita, pues, es aquel que ha preferido convertirse en mercancía antes que sufrir la tiranía de ésta

¿Después de las figuras del Proletario (Marx) y el Trabajador (Jünger), este colectivo anónimo intenta captar la figura de una última mutación de la especie, la más terrible y sonriente alienación? Sí y no, pues la ambivalencia de una figura liminar, que encierra por ello mismo una posibilidad nueva y el ámbito de una reversión política de las cosas, estaría más en el Bloom, a la manera del Dasein heideggeriano. La Jovencita se nos presenta más en una cristalización ontológica que le acerca más al odioso burgués de Marx. “La Jovencita está enteramente construida; por eso puede se enteramente destruida”. Y esto a pesar de cien fragmentos donde la Jovencita aparece cargada todavía de profundidad sufriente: “En el caso de la Jovencita, como en el de todos los demás Blooms, el ansia de diversión hunde sus raíces en la angustia”.

Finalmente el control de las apariencias se transforma en la disciplina de los cuerpos: “La Jovencita habla de la salud como si se tratase de la salvación”. ¿Es la debilidad metal la que reproduce una y otra vez el imperio del cuerpo, el dictado de la imagen de uno mismo? Imperativo estético de visibilidad, dado que el reconocimiento externo nos salva de una experiencia de sí que por todas partes se desfonda. Si hay tanta gente fea en este mundo es por el imperativo masivo de estar a la moda en algún punto: “La Jovencita no envejece, se descompone”.

“La Jovencita es la mercancía que exige ser consumida a cada instante, pues a cada instante caduca”. Moda y economía se benefician mutuamente. En todo caso, la juventud no es ya una edad transitoria, sino el único periodo aceptable de la vida humana. Una juventud que no necesita ningún ideal, porque es por sí sola un ideal. ¿Qué debo hacer para embellecerme?: “Por miedo a ser retirados de la circulación como productos viejos, las damas y los caballeros se tiñes los cabellos y los cuarentones hacen deporte, a fin de mantenerse esbeltos”.

“La Jovencita quiere ser ‘independiente’; es decir, ser, en su mente, sólo dependiente del SE”. Ella llama invariablemente felicidad a todo aquello a lo que SE la encadena: por parte de Tiqqun, el uso del impersonal heideggeriano Se (das man) es un signo del poder neutro de la abstracción. El imperio se confunde con lo social, con una masiva clase media. Este semblante de la humanidad “es fascinante al modo de todas las cosas que expresan una clausura sobre sí mismas, una autosuficiencia mecánica, una indiferencia hacia el observador, tal como hacen el insecto, el lactante, el autómata”. Por eso la Jovencita, dicen ellos, es ajena tanto a sus deseos como a su cuerpo, quiere ser deseada sin amor o amada sin deseo: “Se pudre en el limbo del tiempo”.

Tiqqun desarrolla en este libro el enigma de lo obvio, la hiperrealidad que casi se hace onírica, durmiente. La Jovencita encarna la organización de la ceguera de los escenarios radiantes y la visibilidad total. Allí donde la angustia se confunde con el hecho de que nadie parece sentirla: “A fin de cuentas es la omnipresencia de la nueva policía la que acaba por hacerla imperceptible”. Criatura puramente ideológica, por eso esta figura postrera de la humanidad puede carecer de ideas. La Jovencita es algo así como el cuerpo de una nanoideología. En virtud de tal fusión inmanente los nuevos pijos se confunden con los enrollados: pueden ser orgánicos, ecologistas, indies. ¿La misma @ que preside la conexión perpetua de nuestro aislamiento no es el signo de una neutralización imperial?

Las píldoras de sabiduría, mezcladas de vulgaridad, se siguen desgranando: “Cómo tener perro sin pasar por una perra”. “La supuesta liberación de las mujeres no ha consistido en su liberación de la esfera doméstica, sino más bien en la extensión de dicha esfera a la sociedad entera”. Depuradora de negatividad con una sonrisa implacable, la Jovencita no habla, sino que es hablada por el Espectáculo. Estamos ante un estadio en el que la alienación se confunde con la soltura física. Tanto el poder como el individuo se podría decir que son hoy entes ventrílocuos, pues sufren y hablan siempre a través de otro.

Este libro define el amor que viene como “un autismo para dos”. La dificultad de cualquier relación estriba en que cada uno está de antemano casado con su propia imagen. “No es tanto que los ciudadanos hayan sido derrotados en esta guerra como que, negando su realidad, se han rendido desde el principio; lo que SE les deja a modo de ‘existencia’ ya no es más que un esfuerzo de por vida para hacerse compatibles con el Imperio. De esta infinita servidumbre voluntaria a la norma, a una norma cambiante, proviene el hecho de que nunca sepamos con quién estamos… hasta que ocurre algo, y entonces es demasiado tarde.

II Peros

Tiqqun también describe la deriva del pensamiento hacia el estado de mero reflejo del contexto: La Jovencita nunca crea nada, en todo se recrea. “Ya sea camarero, modelo, publicitario, ejecutivo o animador, la Jovencita vende hoy su ‘fuerza de seducción’ como antaño se vendía la ‘fuerza de trabajo’”. El libro se extiende así sobre una vigilancia orgánica, muscular, que no necesita vigilantes porque está integrada en la dispersión con la que vivimos. “La Jovencita vive secuestrada en su propia ‘belleza’… es la carcelera de sí misma, prisionera de un cuerpo hecho de signos en un lenguaje hecho de cuerpos”.

Y sin embargo (sí, “sin embargo”), la genialidad de Tiqqun muestra en el límite la miseria de la mitología occidental. Más cercanos a la figura nietzscheana del León que a la figura del Niño, ellos adolecen penosamente de sentido del humor para jugar con las situaciones. No sólo esto, sino también de piedad y sabiduría para captar la ambivalencia del ser humano, incluso en la peor de las situaciones, allí donde el infierno sonríe: la Jovencita No sólo esto, sino que se puede decir que Tiqqun carece de inteligencia política para perforar la costra imperial y averiguar la fuga de las masas, incluso a través del embrutecimiento del consumo, de esta cárcel gigantesca en la que vivimos.

Por esta razón, entre otras, con demasiada frecuencia Tiqqun es equidistante en los “falsos conflictos” que aparecen en este mundo regulado: por ejemplo, entre Milošević y la OTAN. Seguro que entre Rusia y EEUU, entre Moore y Obama, etc. Por esta misma razón, en el otro extremo, jamás pueden citar a Baudrillard, o lo hacen de modo trucado, pues él representa una revuelta cultural que es indiferente a esa militancia política que configura nuestra ortodoxia y nuestro encierro. Sobre todo, esta “pureza” ontológica de Tiqqun representa un integrismo minoritario frente al otro, el que ellos llaman imperial.

Justifican de manera genial el retiro de este mundo, más que la intervención en él. Teoría de la Jovencita es enormemente estimulante y enriquecedor, como todo lo de Tiqqun, tanto si nos hechizan como si a veces nos fuerzan a estar en desacuerdo. Es cierto que redefinen dos conceptos de la teoría crítica de los últimos años: Espectáculo (Debord) e Imperio (Negri). Pero la radicalidad con que lo hacen contiene su mayor virtud filosófica y su mayor defecto político. O viceversa, quizás: su mayor virtud política y su mayor debilidad filosófica. Escuchemos: “El espectáculo no es una cómoda síntesis del sistema de los mass-media. Consiste también en la crueldad con que todo nos remite sin tregua a nuestra propia imagen. El imperio no es una especie de entidad supra-celeste, una conspiración planetaria de gobiernos, de redes financieras de tecnócratas y multinacionales. El imperio está allí donde nopasa nada. En cualquier sitio donde esto funciona. Allí donde reina la situación normal” (Llamamiento). Pero fíjense que entonces, y esto supone una seria torsión de la filosofía de Deleuze y Agamben, entonces se llega a confundir Historia y Devenir, Adentro y Afuera.

No hay ya Naturaleza, ni Tierra, ni Pueblos libres del plexo de control que es “Occidente”. Por tanto, en el fondo, Tiqqun no rompe con nuestro prejuicio cultural, aquello que precisamente nos convierte en imperio. La tierra entera, el hombre entero están sometidos a un “cambio climático” que supone que ya no hay afuera, pues el afuera ha pasado adentro. Su enorme caudal de erudición literaria y filosófica no libra a Tiqqun de participar en el encierro global que representa esta época.

Escuchemos: “Incluso en el amor, la Jovencita habla el lenguaje de la economía política y la gestión”. “En realidad, cualquier almuerzo de familia o cualquier reunión de ejecutivos son más obscenos que una escena de eyaculación facial”. Al “exagerar” de este modo, la ontología de Tiqqun es maniquea, habla el lenguaje moralista de lo binario. Y nos mantiene inmaculadamente sobre esta infinita inmanencia que no puede creer en ningún afuera. Nos libra a la vez de tener que implicarnos: de poder infiltrarnos, ser invisibles y realizar milimétricas mutaciones en la superficie.

El libro es precioso, exactamente inolvidable, como es inolvidable ver el mundo con los ojos de otro mundo. Pero, debido a que no recupera el mundo, una vida indiferente a la pesadilla que es la historia, se trata de un libro efímero, circunstancial y dirigido a una selecta minoría.

Finalmente es de temer que esta “metafísica crítica” es ferozmente metafísica, es decir, obscenamente política. Es completamente discutible esa supuesta “doble secesión”: no está claro que Tiqqun escape de la simple oposición al Imperio propia de la “izquierda” y en general de esa mitología política que obsesiona a un Occidente que no soporta el sentido (político e impolítico) de la condición mortal. La simple reiteración maniaca que Tiqqun mantiene con el “negrismo”, con los seguidores de Negri, puede confirmar que Tiqqun vive dentro de otro sectarismo, que escriben contra unos pocos. ¿Vivirían sin ellos?

Marx es también otro signo de limitación intelectual. Tiqqun mantiene una concepción esencialmente hegeliana, nihilista, de lo absoluto. Una concepción “heideggeriana” que no es capaz de volver, de recuperar la inmediatez del ente, el ser del devenir. Tal vez comparten con Marx y casi toda nuestra cultura el mito, típicamente moderno y occidental, de que el mundo es otro, de que se ha roto con la vieja vida. Se ha dado un corte epistemológico, una revolución, y por tanto es necesaria otra revolución para volver a la existencia.

Una existencia, hay que repetirlo, que Marx y Tiqqun jamás reconocerían, pues el tejido biopolítico imperial ocupa todo el horizonte. Pero esto sólo porque el afuera, la existencia impolítica, ellos no pueden verla. En definitiva, estamos ante un libro muy francés, deliciosamente eurocéntrico. No es poco.

Ignacio Castro Rey. Madrid, 31 de marzo de 2012


Levantando el sombrero XXVII

(entrada en Jugando entre las ruinas, blog de Álex Portero)


Al amanecer, enciendo el ordenador y me llega un grito del "Gran Jefe Bandana", mi amigo Javier Lucini (célebre y probo conspirador junto con sus compañeros de la Editorial Acuarela), que anuncia la muerte del gran Harry Crews, en Florida, a la edad de 76 años.
Puñetazo en la boca del estómago para desayunar.
Reflexiono: está claro que escribir con las vísceras sobre la mesa, contar la verdad, pasa factura. Observo una fotografía del bueno de Crews, y veo arrugas, cicatrices, veo a un tipo duro por el que ha pasado la vida dejándole muescas y una mirada de acero, un anciano con una puta cresta mohicana, todo en él parece decir: "¡¡no me toquéis los huevos, todavía puedo agarraros el pescuezo con una jodida mano y seguir escribiendo con la otra, bastardos!!"
Sigo reflexionando: el mundo está hecho para quienes no quieren ensuciarse, vivimos en la "cultura" de la asepsia, física y moral, hemos desterrado los pantanos de la conciencia. Todo ha de brillar, todo ha de ser nuevo, aceptamos una vida en suspenso sustituida por fantasmagorías repletas de estímulos virtuales que nos mantienen a salvo, ajenos al latido, exentos de pulsión, hermosos, delgados, perfumados, con los dientes blancos y el corazón aún más blanco.
Los perdedores, los parias, los sucios, los ignorantes, los benditos grotescos, los violentos, los feos, los que le echan ovarios, las que le echan cojones a la vida, los que nunca ganan, los que sudan, los que se equivocan, los que acumulan cicatrices y heridas,
los que no salen en las películas si no es para ser objeto de mofa,
los que no aparecen en la publicidad,
los que no existen, ni cuentan,
los que solamente mueren en las estadísticas,
todos y cada uno,
agradezcan al gran Harry Crews que haya sido su bardo terrible,
que hiciera el trabajo sucio,
contándolo
sin ahorrarse detalles,
y que lo convirtiera en alta literatura.
Alguien tenía que hacerlo.
Y nadie pudo haberlo hecho mejor.

Que la paz del desierto sea contigo maestro.
D.E.P.


"Yo solamente miento cuando escribo novelas"
Mario Vargas Llosa (aún vivo y terso, impoluto a sus 76 años, encuentren las siete diferencias)

Á.

El deseo como campo de batalla


por Ana Chicote

“Nuestra disposición a deshacernos en relación con otros constituye la oportunidad de llegar a ser humanos. Que otro me deshaga es una necesidad primaria, una angustia, claro está, pero también una oportunidad: la de ser interpelada, reclamada, atada a lo que no soy, pero también movilizada, exhortada a actuar, interpelarme a mí misma en otro lugar y, de ese modo, abandonar el “yo” autosuficiente considerado como una especie de posesión.” Judith Butler (Dar cuenta de sí mismo, violencia ética y responsabilidad)

Este libro de Acuarela Libros tiene la virtud de llegar en un momento idóneo. Si algo ha puesto en evidencia la crisis del capitalismo salvaje es lo que Richard Sennett vaticinaba en 1998 al final de La corrosión del carácter: "Un régimen que no proporciona a los seres humanos ninguna razón profunda para cuidarse entre sí no puede preservar por mucho tiempo su legitimidad".

Primeros materiales para UNA TEORÍA DE LA JOVENCITA es una crítica feroz de cómo un sistema basado en el mercado ha colonizado lo más íntimo e idiosincrásico del ser humano: la subjetividad, lo íntimo, las emociones, las pulsiones, el deseo singular, la misma capacidad de amar. El control de los ciudadanos ya no se ejerce desde un “afuera”, sino desde dentro de los propios seres humanos, que asumen el control de sí mismos para adaptarse a un deseo expropiado: la publicidad y la ciencia médica nos dicen en qué consiste biológica, genética y socialmente el amor, y el mercado nos lo vende para que lo consumamos. Se trata de la interiorización de la lógica capitalista en lo que parecía un reducto inconquistable de “autenticidad”, de rebelión contra el poder social.

La figura de “la Jovencita” encarna este deseo expropiado, alienado. A Tiqqun no le interesa describir quiénes son los sujetos que se adaptan a este modelo ideal de individuo, sino las prácticas que consisten en lo que ellos llaman el “proceso de jovencitización” o el convertirse en Jovencita: el deseo ensimismado, el deseo vacío, el deseo indiferente al otro, cuerpos reducidos a meros continentes que no conectan con su “intimidad” ni con la de otro. La Jovencita no está necesariamente adscrita a un cuerpo de mujer -aunque algunos de sus rasgos se asocien paradigmáticamente a la “feminidad” y por esto quizá sus autores hayan convenido en elegirla-, porque que todos somos consumidores de formas de vida atractivas (productos de marketing), nos obsesionamos por la juventud y la salud, nos esforzamos por adaptar el propio cuerpo a los cánones de belleza y a los usos amorosos de nuestra época, nos desvelamos por nuestra apariencia, odiamos la soledad y rechazamos lo que hay de trágico el ser humano (siempre hay que pensar positivamente), tememos al compromiso, pues esto implica la renuncia y el cierre de otras oportunidades, tememos el encuentro con lo diferente y singular (lo que no se adapta a la garantía de lo conocido), vivimos en la inmediatez y redefinición permanentes, etc.

Aunque el asunto de este libro tiene precedentes históricos (el análisis del narcisismo consumista y de la sociedad del espectáculo, la crítica feminista al poder que se extiende hasta lo privado), su interés o su novedad radica en que no es un ensayo sociológico al uso. Con un lenguaje abstracto entre lo poético y lo filosófico, que alterna el tono grave con el irónico y en ocasiones humorístico, no se propone analizar con detalle las condiciones sociales e históricas en que uno se convierte en un cuerpo-valor de cambio y tampoco sigue un discurso lineal. Escrito con citas dispersas de diversa procedencia (desde autores como Klossowski, Gombrowicz o Proust, hasta artículos de revistas femeninas, pasando por reflexiones de cosecha propia), configura una especie de prisma que desde sus distintas caras describe de forma sugerente cómo la Jovencita experimenta cotidianamente lo que los autores llaman la “nuda vida”: la vida vacía, la vida sin sentido porque nunca se compromete con nada, nunca se detiene auténticamente en nada fuera de sí misma.

La Jovencita es una “modesta empresa de depuración” de todo lo que no contribuye a la circulación del deseo mercantil vendible: la negatividad, la soledad, la enfermedad, la fealdad, el peligro, el compromiso, la muerte… Sin embargo, si, como afirman sus autores, “lo que le queda de humanidad es la causa de su sufrimiento” -una imperfección, por tanto, que también hay que erradicar-, ahí podría residir también la posibilidad de resistencia: “Sólo en el sufrimiento es amable la Jovencita. Salta a la vista aquí una potencia subversiva del trauma”. El sufrimiento puede interpretarse entonces como un síntoma de lo que no se adapta, aquello que “deshace” la fantasía de ser sujetos omnipotentes.

Cómo se convierte uno en objeto de deseo tiene que ver también con los “afectos estándar”, con lo que se supone que debemos sentir, cómo se supone que debemos preparar a nuestros cuerpos, moldearlos para que tengan una vida afectiva y sensual adecuada. Esta es, fundamentalmente, la segunda parte del libro titulada “Hombres-máquina: modo de empleo”, una ampliación del concepto de Jovencita. Los hombres-máquina son autómatas emocionales que responden al dictado de la nueva ciencia médica, de corte biologicista-determinista: “vosotros, vuestras alegrías y vuestras penas, vuestros recuerdos y vuestras ambiciones, vuestro sentido de la identidad y del libre albedrío, todo esto no es en realidad más que el comportamiento de una vasta reunión de células nerviosas y de las moléculas que están asociadas a ellas. Como habría podido formularlo la Alicia de Lewis Carrol: “¡usted no es más que un paquete de neuronas!”. Esta ideología científica dictamina que el amor es una “simple reacción química” y ofrece prótesis para nuestros cuerpos desfallecientes (como por ejemplo el viagra): “La humanidad futura debe ser funcional y funcionar en todos sus aspectos, incluso si a veces opone resistencia. Cada disfunción representa una falta de eficacia que debe ser corregida. Empalmarse cuando toca o desaparecer”.

Se trata de una ciencia médica que ha ocupado el lugar de la vieja moral para convertirse en un “moralismo fisiológico de masas”: “todos bellos, todos bio”. “El Biopoder está disponible en cremas, píldoras y aerosoles”. “He aquí el tiempo de la farmacología cosmética”. Es un deber moral estar sano, si uno no cuida de su cuerpo y enferma será porque lo habrá querido y deberá responsabilizarse individualmente de su enfermedad. De nuevo la ilusión del individuo autosuficiente y omnipotente que nos vende la publicidad (como si no nos enfermara el aire que respiramos, la comida que tomamos o los trabajos que desempeñamos). Sin duda, las nuevas reformas sanitarias irán por este camino, encarnando una suerte de “darwinismo social-mercantil” en el que sobrevivirán los fuertes. “Habrá de un lado la comunidad de «sanos» y del otro lado los «enfermos». Prestando atención al Nietzsche más dudoso, la primera huirá de la segunda como de la peste.”

Los cuerpos convertidos en mercancías, repite Tiqqun. El “yo” -afectos, pulsiones, deseos- considerado como propiedad, expuesto en un escaparate e intercambiado por otra “cosa” que conserve o aumente mi posesión. “El hombre convertido en cosa considera sus sensaciones con un curioso desapego: nada le pertenece exceptuando las cosas y solamente puede desear las cosas, o a los otros en la medida en que ellos mismos son cosas”. Sin embargo, lo que caracteriza la humanidad que hay en nosotros es la capacidad de que lo desconocido, de que lo otro, lo distinto, nos cuestione y nos “deshaga” -como dice Butler en la cita con la que comenzaba este texto-, con el riesgo, la angustia, el sufrimiento que eso implica para nuestro “yo soberano”, pero también como una oportunidad que nos moviliza, nos cuestiona y nos cambia.

Este ensayo es sobre todo una crítica a esas formas de vida sometidas, mecanizadas. Solo en las últimas páginas se hace un llamamiento a la emancipación de nuestros “cuerpos deseantes” para “comenzar a concebir la posibilidad de comunidades”. “La comunidad (…) significa: realizar el potencial de insurrección y de invención de los mundos subyacentes a todo vínculo verdadero entre seres humanos”. Quizás lo que se echa de menos en el libro es el desarrollo de la idea de estas comunidades posibles, la descripción, en paralelo a la crítica de las figuras de la Jovencita o de los Hombres-máquina, de experiencias liberadoras de vínculo y deseo, de otras formas de relación entre los seres humanos, por eso el carácter de denuncia se hace, en ocasiones, difícil de asumir. No obstante, es precisamente la claridad con que perfila el comportamiento cotidiano de ese “estar en el mundo sin estar” (que por cotidiano pasa desapercibido, oculto bajo una “normalidad” acrítica) y la ligereza del discurso hecho a base de fragmentos lo que invita a seguir con la lectura y lo que constituye su mayor acierto.

Cada sociedad construye o perfila a los ciudadanos ideales capaces de vivir en ella ejerciendo una cantidad menor o mayor de violencia sobre los sujetos para que se adapten a ella. La violencia que se ejerce en la sociedad del “capitalismo cool” (como lo denominan algunos) no viene dada tanto por las armas o por la imposición de normas sociales represivas, como por la seducción. Si en el capitalismo de las finanzas es el valor abstracto el que se pone en circulación permanente y no tanto el dinero concreto y real que podemos contar en nuestros bolsillos, en las relaciones humanas los seres humanos solo lo son en tanto que portadores de una serie de valores que una sociedad basada en el consumo favorece y premia, cuerpos convertidos en monedas de cambio, todos iguales bajo la apariencia de “marcas distintas”. Ya no se trata solo de que consumamos un producto, sino de moldear nuestras emociones, nuestras reacciones, nuestras decisiones, codificándolas como “adecuadas” e “inadecuadas” para cosificarnos como formas de vida que, paradójicamente, se nos pretende vender. Pero cuando el sufrimiento que esa violencia silenciosa y cotidiana ejerce se hace insoportable, cuando escuchamos al ser humano que grita bajo esas “máscaras sin rostro”, que ya no quiere hablar más “a través de la voz de otros”, cuando la palabra y el cuerpo se reconcilian, ahí comienza la libertad.





El nuevo disco de El Hijo (crowdfunding)

La nueva aventura músical (y algo más) de Abel Hernández, miembro de Acuarela Libros desde sus inicios...


Amigos, soy Abel Hernández de El Hijo y esto es una llamada a vuestra participación. Para los que no me conozcáis mucho, igual os suena más Migala o Emak Bakia, dos grupos de los que formé parte hace un tiempo. Desde 2005 me dedico a mi proyecto en solitario, El Hijo, con el que hasta ahora he publicado los EP La piel del oso (2005) y Canciones gringas (2006), los álbumes Las otras vidas (2007) y Madrileña (2010) y el single (junto a Ornamento y Delito) Soltero Negro (2011). Todos han tenido buena acogida por parte de público y crítica.

LOS MOVIMIENTOS
De cara al tercer álbum de El Hijo decidí girar en redondo en muchos aspectos, artísticos y de otra clase. Sobre todo me propuse esmerarme al máximo en lo que pudiera ofrecer como músico que divulga sus canciones y, más allá, también ampliar y enriquecer esa faceta pública de mi música. Por ello dije adiós al que fue mi sello durante casi 15 años, Acuarela Discos, no con idea de fichar por otro, sino para empezar a gestionar de manera más independiente, personal y cuidada cada uno de los aspectos de El Hijo y para salir al encuentro de ese grupo de personas que generosamente vienen siguiéndolo, apoyándolo y sirviendo de estímulo. (Aprovecho para agradeceros aquí vuestro apoyo, vuestro amor y vuestra fuerza).

CAMBIO DE RUMBO
Esta propuesta que lanzamos a través de Verkami es al mismo tiempo resultado lógico de tal cambio de rumbo y algo que lo ha impulsado. Había otras posibilidades para sacar adelante el nuevo disco (incluso algunas propuestas discográficas) pero doy el salto. Me gusta esta posibilidad inteligente de retomar el Háztelo tú mismo. Me gusta que El Hijo sea comunicación más allá incluso del mismo mecanismo de la música, en su misma gestión y materialización física. Me gusta la idea de que sea construido gracias al movimiento de unos cuantos, a una nueva riqueza compartida, hecha de pequeños dones. Creyentes, mini-socios y un proyecto de Pop apoyado por una pequeña comunidad en lugar de un gran engranaje. Algo más que un mercado donde se intercambia de forma anónima música por dinero. Sustento. Cuidado. Vínculos. Contacto sin interruptores ni extraños circuitos. Personas concretas con quien compartir lo que resulta de la pasión por la música. Trato justo. Me gusta porque todo tiene mucho más sentido.

CÓMO HEMOS HECHO EL DISCO
David T. Ginzo, Javier Monserrat, Xose Luis Saqués y un servidor hemos trabajado mucho en un disco muy especial. Tras 6 meses de preparación (entre marzo y agosto), en septiembre estuvimos grabando en el Conservatorio de Altea con Daniel Ripoll, luego, en noviembre y diciembre, en la Zona Temporalmente Autónoma de Torrijos con Carlos Toronado y en el estudio de Raúl Fernandez ‘Refree’ en Barcelona. Hace apenas unos días terminamos las mezclas en Estudio Uno de Madrid con Pablo Pulido ‘Babe’. La consecuencia es Los movimientos, el que será tercer álbum de El Hijo, y del que más orgulloso y seguro he estado de todos los que he hecho. Me gustaría invitaros a que colaboréis en su publicación.

QUÉ HARÉ CON EL DINERO
El dinero que obtengamos gracias a vuestra cooperación se dedicará íntegramente a pagar los gastos de terminación del mismo y de mastering así como la fabricación de vinilos, CDs y cassettes, y los gastos del resto de recompensas con que agradeceremos vuestro mecenazgo. Os ofrecemos recompensas que van del adelanto on line al concierto particular en domicilios o salas de conciertos. Los vinilos serán de 180 gramos y fabricados con la máxima calidad, fabricaremos cassetes y los personalizaremos y habrá una edición especial en cinta de 4 pistas donde podréis crear mezclas alternativas. También podréis conseguir unas pocas Polaroids en color y blanco y negro que hemos ido sacando durante la grabación y mezclas. Incluso uno o una podría tener todos los secretos de Los movimientos en sus manos, pues habrá una única copia de un dispositivo digital exclusivo que contendrá las 500 pistas de audio con que hemos dado forma a todas las canciones.

Ojalá os interese. Sería el principio de algo estupendo.

Para apoyar: verkami.com

www.elhijo.es


Adiós a Harry Crews

Consternados, sin palabras, ayer por la noche nos enteramos de la muerte de Harry Crews... Acuarela editó su primer libro en castellano (Cuerpo) y prepara ya el segundo, The gospel singer.


Muere en Florida el escritor Harry Crews, a los 76 años

El controvertido escritor de culto Harry Crews, cuyas dificultades y momentos disparatados inspiraron sus violentas historias sobre el sur rural de Estados Unidos ha muerto. Tenía 76 años.

Crews murió el miércoles en Gainesville, Florida, tras padecer una neuropatía, informó su ex esposa Sally Ellis Crews.

"Había estado muy enfermo", dijo a Thea Associated Press el jueves. "De alguna manera fue una bendición, estaba sufriendo mucho", agregó.

Crews también había sufrido en su vida accidentes de motocicleta y tenía los nervios del pie dañados, por lo que en los últimos años había tenido que usar un bastón.

A pesar de todo, su carrera continuaba activa. Un fragmento de sus memorias, próximas a publicarse, fue incluido en la revista Georgia Review y se hablaba de reeditar sus obras, muchas de las cuales dejaron de imprimirse, en versiones digitales.

No era muy famoso, pero quienes lo conocían, ya fuera a nivel personal o a través de sus libros, eran sus devotos. Era un hombre desenfrenado y honesto, que siguió la tradición de Charles Bukowski y Hunter Thompson. Escribió historias sangrientas inspiradas directamente en sus experiencias, que incluían la práctica de boxeo y karate.

"Me han roto la nariz como seis veces", dijo en una entrevista sin fecha con la revista por internet VICE.

"Por mucho tiempo no supe de qué lado de mi cara iba a quedar de un año a otro, pero me gustó boxear por mucho, mucho tiempo y me gusta el karate y me gustan los deportes sangrientos. Me gustan muchas cosas que realmente no son agradables, y que para nada son muy bonitas y que si tienes un mínimo de sentido son totalmente intolerables. Alguien que defienda la forma en la que he pasado mi vida está loco".

Crews escribió 17 novelas, incluyendo Feast of Snakes y The Knockout Artist; múltiples cuentos y novelas cortas, así como las memorias A Childhood. También impartió talleres literarios en la Universidad de Florida de 1968 hasta su jubilación en 1997.

También le gustaba decir que si lograba escribir 500 palabras en un día era una buena jornada.

"El trabajo del escritor es desnudarse, no ocultar nada, no esquivar nada con la mirada, su trabajo es mirar a las cosas", escribió. "No parpadear, no estar avergonzado o apenado por ello, quitarse la ropa e ir a dónde está la sangre, donde está el hueso".

Noticia original


huelga humana

"Cuando capitalismo y vida se funden, la huelga tradicional ya no tiene sentido. Viene el tiempo de huelga humana, donde en primer lugar dejamos de ser lo que debemos ser, nos vinculamos más allá de las identidades pre-existentes y hacemos saltar por los aires todo el universo de lo previsible, los límites del yo (las fronteras que ponemos en torno a nosotros para que no pase nada). Serán precisamente los que no trabajan quienes inventen las formas de la huelga humana"

las tripas de la Jovencita









sex war

La seducción como guerra. Se habla de estar como un "cañón", con una metáfora que pertenece cada vez menos al registro de la estética y cada vez más al de la balística (La JOVENCITA)